El uso del término
“terapia de pareja”
(en lugar del más
tradicional “terapia
marital”) tiene su
razón de ser en el
hecho de que muchas
de las relaciones
entre los individuos
no tiene lugar en el
marco de un
matrimonio
legalmente
entendido. En todo
caso, la terapia de
pareja está dirigida
a personas que
mantienen una
relación de larga
duración y que
presentan
dificultades de
convivencia.
Que la pareja, sea o
no matrimonio, o
involucre a personas
de mismo o distinto
sexo no es
determinante.
Muchas diferencias o
incidentes
domésticos leves,
aunque sean
repetidos, no
indican la necesidad
de una terapia
profesional de
pareja. La pareja
tiene muchos
recursos para
resolver conflictos
de rutina que deben
movilizarse con
anterioridad. Los
problemas de
comunicación serios
e insolubles que aún
no han deteriorado
de manera
irreversible la
relación de pareja y
el deseo de seguir
juntos, son la
principal indicación
de terapia de
pareja.
Algunos problemas
habituales de la
pareja nacen a
partir de las
expectativas
irreales que las
personas tienen
acerca de lo que
debiera ser el
matrimonio. Muchas
de las diferencias
iniciales que suelen
existir entre los
miembros de una
pareja suelen
desaparecer por sana
adaptación de uno a
otro miembro, pero
no siempre es así y,
en ocasiones, tal
adaptación no se
produce o se produce
en falso. Las formas
habituales de
reaccionar ante
estas vivencias son:
·
Soportar en silencio
las diferencias a
medida que la
relación empeora,
sin hacer nada al
respecto.
·
Aceptar que, aunque
no hay ningún
problema crítico, es
necesario cambiar
algo para mantener
la vitalidad de la
pareja.
·
Romper la relación y
tratar de encontrar
una nueva.
Si en una relación
estable las cosas no
van bien, puede
preguntarse uno a sí
mismo: ¿hay un
problema reciente
que ha alterado la
relación las últimas
semanas? ¿se ha
intentado resolverlo
razonablemente?. Es
bueno recordar que
la mayoría de
las parejas sanas
atraviesan períodos
de conflicto benigno
que pueden durar,
incluso, meses. Por
otro lado, si los
problemas afectan a
cuestiones
fundamentales de la
relación y no
parecen tener
solución natural a
corto o medio plazo,
es razonable acudir
en busca de ayuda,
aunque el problema
sea reciente.
·
¿Cuándo y cómo
empezar?
Cuando cada miembro
ha hecho un esfuerzo
para acercarse al
otro y ha fracasado,
ambos siguen
peleando durante la
mayor parte de su
trato, ninguno es
feliz, y la pareja
ha resuelto que no
puede resolver sus
problemas por sí
misma. El paso
siguiente es ¿cómo
encontrar un
terapeuta de pareja?
·
¿Qué esperar de la
primera sesión?
Los terapeutas
pueden abordar este
primer contacto de
manera muy
distintas. La
mayoría prefieren
ver a la pareja
conjuntamente y,
después, a cada uno
por separado. Al
final de la primera
sesión el terapeuta
debe poder realizar
un resumen de los
problemas
principales que
considera existen en
la pareja.
Obviamente no se
puede esperar que el
terapeuta vislumbre
en este primer
contacto todo
aquello que no
funciona bien en la
pareja y los pasos
necesarios para
enmendarlo.
·
Terapia de pareja:
cómo funciona
Las terapias de
pareja suelen
centrase en
problemas prácticos
y objetivos de la
relación.
centrándose en
criterios prácticos.
Con frecuencia, una
decisión inicial que
ha de tomarse entre
el profesional y los
miembros de la
pareja es si merece
la pena, o no,
salvar la relación.
Por parte del
profesional se
espera que sea capaz
de determinar si
existe una
oportunidad
razonable de que la
relación sea
restaurada de manera
satisfactoria, pero
la decisión final al
respecto es
responsabilidad de
los miembros. En
determinadas
situaciones,
resultará bastante
evidente que una
relación ha tocado
fondo. La terapia de
pareja no tiene como
objetivo en estos
casos mantener
a cualquier precio
la relación; de
hecho, en algunos
casos, puede llegar
a mostrar a los
cónyuges que su
unión es inviable y
que disolverla es lo
menos lesivo para
ambos. En estos
casos la pareja
podría continuar
trabajando con el
terapeuta para
solucionar las
dificultades de
separarse y obtener
el divorcio. A este
último proceso se ha
denominado
terapia de divorcio.
La terapia de pareja
aborda la
reestructuración de
la interacción de la
pareja. El
denominado
consejo matrimonial
se considera una
intervención de
alcance más
limitado, que aborda
un conflicto
familiar particular
y habitualmente
único, y se orienta
hacia una tarea
específica, como,
por ejemplo, la
educación de los
niños..
·
Tres tipos de
terapia de pareja
Existen muchos
modelos de terapia
de pareja. Una
clasificación
sencilla admite tres
tipos (que en la
práctica pueden
combinarse entre
ellos):
·
El método
conductista
aborda a la
pareja con la
intención de
solucionar
problemas cambiando
la “manera de hacer
las cosas”; por
ejemplo: programa el
tiempo que pasan
juntos, asigna
responsabilidades,
modifica los
patrones sexuales,
etc. El
terapeuta escucha
atentamente todo lo
que la pareja dice
que hace y propone
introducir cambios
de carácter
práctico. A menudo,
el terapeuta
introduce
gradualmente estos
cambios a modo de
“tareas” que hay que
realizar entre una
sesión y otra.
·
El enfoque
cognitivo
se inicia con el
análisis de los
pensamientos,
actitudes y
expectativas que
cada miembro de la
pareja tiene del
otro (y que este
último puede
desconocer o
incumplir). El
terapeuta intenta
reajustar estos
pensamientos y
expectativas de modo
realista para que
ambos miembros
puedan sentirse más
cómodos.
El enfoque
psicodinamico
tiene sus fuentes en
el psicoanálisis y
habitualmente
trabaja con las
características de
la personalidad de
los miembros de una
pareja. En los
primeros momentos de
la relación entre
ellos, el
enamoramiento
oscurece estos
aspectos
inconscientes y
oculta las
diferencias y
tensiones al
respecto entre los
miembros de la
pareja. Con el
tiempo, estas
diferencias emergen
y causan problemas
en la relación. La
labor del terapeuta
aquí es sacar a la
luz y resolver
ciertos aspectos
profundamente
arraigados del
carácter y la
personalidad de cada
miembro que se
habrían formado en
la infancia y
consolidado a lo
largo de la vida y
que ahora entran en
colisión.